Teherán despertó este domingo bajo una densa nube de toxicidad tras los bombardeos israelíes contra instalaciones petroleras. La mezcla de lluvia y humo negro cubrió la capital iraní, dejando charcos de combustible en las calles y un ambiente de oscuridad total en plena mañana.
El ataque impactó cuatro centros de almacenamiento y una planta de transferencia en las provincias de Teherán y Alborz. Las autoridades confirmaron el fallecimiento de cuatro conductores de camiones cisterna que se encontraban en el lugar al momento de las explosiones.
Cenizas de la nube
Ante el riesgo para la salud, la Organización de Protección Ambiental de Irán ordenó a los ciudadanos permanecer en sus hogares. Por su parte, el sector petrolero estatal aseguró que el suministro de gasolina está garantizado y pidió evitar compras de pánico en las estaciones de servicio.
El Ejército israelí justificó los bombardeos afirmando que los depósitos eran utilizados por las fuerzas armadas locales. Este evento se suma a una ofensiva constante que ha destruido edificios gubernamentales, hospitales y centros deportivos desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero.
Los ataques también han alcanzado zonas civiles y bases policiales en la capital. Reportes locales indican que los daños colaterales han sido severos, citando tragedias como la ocurrida en la plaza Nilufar, donde se registraron al menos 20 víctimas fatales.