El gobierno de Bolivia decidió transformar el rol de su política exterior con una reestructuración de la Cancillería que apunta a priorizar el componente económico. A través de un decreto, se redefinen funciones clave para que la diplomacia no solo gestione relaciones internacionales, sino que también se convierta en una herramienta activa para atraer capital extranjero y abrir mercados.
Uno de los cambios centrales es la ampliación del enfoque del Viceministerio de Comercio Exterior, que ahora incorpora de forma explícita la captación de inversiones. Esta instancia se reorganiza en tres áreas estratégicas: exportaciones y acuerdos comerciales, promoción de inversiones y gestión de integración fronteriza, lo que refleja una apuesta por diversificar la economía y mejorar la competitividad del país.
La nueva estructura también incorpora un análisis más profundo del contexto global, incluyendo factores geopolíticos y geoeconómicos, con el objetivo de anticipar escenarios internacionales y posicionar mejor al país. Además, se fortalece la participación de la Cancillería en espacios como el Comité Nacional de Facilitación del Comercio, consolidando su papel como articulador entre el Estado y el mercado global. En conjunto, el rediseño busca que la diplomacia boliviana pase de lo protocolar a lo estratégico, enfocándose en “vender” al país como destino de inversión.