Una encuesta realizada en Estados Unidos a mujeres jóvenes expuso el uso generalizado e indebido de inyecciones para adelgazar en personas con trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia, a finales de junio de 2026, mediante la evaluación de 436 casos que encendieron las alarmas médicas sobre la falta de control en estos tratamientos, de acuerdo con un reporte del diario argentino Clarín.
Los efectos de los fármacos GLP-1 continúan generando profundos interrogantes en la comunidad científica internacional. Conforme a los datos difundidos en la revista JAMA, más de la mitad de las encuestadas con trastorno por atracones y cerca de un tercio con anorexia atípica confirmaron haber utilizado estos medicamentos reductores.
El relevamiento detalla además que el consumo abarca distintos grados de severidad clínica dentro de la población evaluada. Incluso, el 22 por ciento de las participantes utilizaba estos preparados inyectables al momento de responder el cuestionario, lo que demuestra una alta permanencia del tratamiento en pacientes con antecedentes psiquiátricos complejos.
A esto se suma un factor crítico detectado por los investigadores universitarios: el acceso irregular al mercado farmacológico. Un 10 por ciento de las encuestadas reconoció un uso indebido al adquirir los productos a través de plataformas digitales en la Web y completamente desprovistas de prescripción o supervisión médica profesional.
Cheri Levinson, directora del Laboratorio de Tratamiento de la Ansiedad Alimentaria de la Universidad de Louisville y coautora del estudio, advirtió sobre la peligrosa ausencia de normativas clínicas para evaluar a los pacientes con estos historiales:
"No existen protocolos para evaluar a los pacientes que solicitan un medicamento GLP-1 para un trastorno alimentario", aseveró la investigadora.
Asimismo, la especialista recalcó que utilizar fármacos orientados a suprimir el apetito en personas vulnerables desencadena graves retrocesos en su recuperación psicológica y física:
"Eso va a ser muy problemático(...), porque eso es precisamente lo que causa las recaídas y mantiene un trastorno alimentario", afirmó la experta.
Por su parte, expertos locales consultados por el medio argentino confirmaron que en los consultorios regionales tampoco existen normativas específicas para abordar estas situaciones clínicas complejas.
Aunque algunos profesionales señalan que determinados pacientes con compulsión alimentaria pueden obtener beneficios terapéuticos puntuales mediante componentes como la semaglutida y la tirzepatida, los especialistas coinciden en que cada caso requiere un análisis riguroso para evitar agravar cuadros preexistentes de salud mental.