La instalación de la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), el próximo 8 de noviembre, marcará un capítulo inédito en la historia política de Bolivia: por primera vez desde el retorno a la democracia, las mujeres ocuparán la mayoría de los escaños legislativos, con un 52,4 % de representación.
En la Cámara de Senadores, 21 de los 36 curules estarán en manos femeninas (58,3 %), mientras que en la Cámara de Diputados 66 de los 130 asientos corresponderán a diputadas (50,7 %). Con ello, Bolivia se sitúa entre los países con mayor presencia de mujeres en su Parlamento, consolidando una tendencia que ya en 2020 había roto la hegemonía masculina en la Cámara Alta.
No obstante, este avance histórico convive con brechas estructurales que todavía limitan la paridad plena. En los escaños plurinominales, la representación femenina alcanza apenas un 46,6 %, mientras que en los espacios indígenas-especiales desciende drásticamente a un 14,2 %. Los supraestatales muestran también un desequilibrio: de los siete elegidos, solo una es mujer.
Un hecho sin precedentes se da en las diputaciones uninominales, donde por primera vez las candidatas titulares superan el 50 % de representación, marcando un hito en la democratización de los cargos de elección directa.
Para las organizaciones de mujeres, este escenario abre una oportunidad y una responsabilidad. “Este nuevo momento nos impone el reto de acompañar, fortalecer y exigir compromiso político de las legisladoras y legisladores, para que la igualdad no sea solo una cifra, sino una realidad transformadora”, afirmó Tania Sánchez, directora de la Coordinadora de la Mujer.
Así, la nueva ALP se configura como un espacio clave para redefinir el liderazgo femenino en la política boliviana, con el desafío de convertir la mayoría numérica en un poder real de decisión y en políticas que impacten la vida de la ciudadanía.