La afasia es un trastorno que altera la capacidad de comunicarse, afectando el habla, la comprensión, la lectura y la escritura. Aunque no disminuye la inteligencia, impacta profundamente la vida diaria, complicando la interacción con familiares, amigos o en el trabajo.
Se produce cuando ciertas áreas del cerebro, generalmente del lado izquierdo, resultan dañadas por accidentes cerebrovasculares, golpes, tumores o enfermedades neurodegenerativas. “Cualquier lesión que interfiera con el lenguaje afecta funciones cognitivas esenciales y puede generar afasia”, explica Carmen Aguilera, docente de Psicología en la Universidad Franz Tamayo.
Detectar la afasia a tiempo es vital. Algunos signos tempranos incluyen dificultad para encontrar palabras, frases cortas o incompletas, problemas para comprender instrucciones simples, palabras inventadas o errores al leer y escribir. La identificación oportuna permite iniciar terapias que mejoran significativamente la comunicación.
Entre los tratamientos más efectivos destacan la logopedia, la estimulación magnética transcraneal y la estimulación por corriente directa, que combinadas ayudan a reorganizar el cerebro. Además, herramientas como tablets, pictogramas y sistemas de comunicación alternativa fomentan la autonomía y reducen la frustración.
Con diagnóstico temprano, terapia intensiva y acompañamiento familiar, muchas personas logran recuperar habilidades esenciales, reconectarse con su entorno y recuperar la calidad de vida que parecía perdida. La afasia no es un final: es un desafío que puede enfrentarse con ciencia, paciencia y constancia.