La desesperación por la falta de insumos básicos ha volcado este viernes a las calles de La Paz a cientos de madres de familia, vecinos y propietarios de restaurantes, quienes instalaron bloqueos y puntos de protesta ante la persistente escasez de Gas Licuado de Petróleo (GLP). El conflicto, que ya se siente con fuerza a nivel nacional, ha golpeado con especial dureza a las zonas más alejadas de la sede de Gobierno, donde el suministro ha desaparecido casi por completo.
En sectores estratégicos como el Cruce de Villas, el panorama es desolador: largas filas de ciudadanos custodian garrafas vacías que han sido atravesadas sobre la vía pública como medida de presión. Los manifestantes denuncian que han transcurrido más de ocho días sin que los camiones repartidores cumplan con sus rutas habituales, lo que ha paralizado la preparación de alimentos tanto en los hogares como en los pequeños negocios locales.
Esta crisis no solo afecta la alimentación diaria, sino que ha asestado un duro golpe a la economía de las familias bolivianas. Según los testimonios recolectados en las barricadas, los ciudadanos se ven obligados a realizar gastos extraordinarios en transporte para trasladar sus cilindros hacia otros puntos de la ciudad con la esperanza de hallar el combustible, una inversión de tiempo y dinero que muchos pequeños emprendimientos ya no pueden sostener.
Ante la gravedad de la situación, los sectores movilizados han lanzado un ultimátum a las autoridades correspondientes para que adopten medidas inmediatas que garanticen la regularización del abastecimiento. Mientras la respuesta oficial llega, la incertidumbre crece entre los vecinos, quienes aseguran que no levantarán las medidas de presión hasta que el gas vuelva a llegar a sus domicilios de manera regular y segura.