Aunque hoy se asocia con el festejo y la alegría, la historia de esta celebración se remonta a la Europa medieval, específicamente a las festividades religiosas en España e Italia. Con la llegada de la colonia, esta costumbre se fusionó con la hospitalidad y la reciprocidad andina y chaqueña.
Originalmente, el "compadrazgo" era un vínculo puramente religioso nacido del bautismo, pero con el tiempo, el pueblo boliviano lo extendió a la "amistad por elección", elevando a un amigo al rango de hermano.
El corazón de esta festividad es la entrega de la canasta. No es un simple regalo; es un lenguaje de símbolos que comunica abundancia y buenos deseos.
El rito dicta que quien recibe la canasta acepta el compromiso de cuidar y respetar esa amistad por siempre. Tradicionalmente, este gesto se sella con el estallido de un cohetillo y un brindis. En ciudades como Tarija, la Plaza Principal se convierte hoy en el epicentro de este intercambio, donde miles de hombres se "encompadran" bajo el ritmo del erke y la caja.