Cada vez más personas recurren a auriculares y sonidos como ASMR, lluvia o ruido blanco para conciliar el sueño. El audio se ha convertido en una herramienta para calmar la mente, reducir el estrés y facilitar un descanso más estable, especialmente en entornos ruidosos o en quienes lidian con ansiedad leve.
Especialistas señalan que los estímulos sonoros constantes y predecibles pueden disminuir la frecuencia cardíaca y ayudar al cerebro a entrar en un estado de relajación. Este “anclaje auditivo” permite asociar ciertos sonidos con el momento de dormir, favoreciendo una transición más rápida hacia el sueño.
Sin embargo, el hábito no está exento de riesgos. El uso prolongado de auriculares puede generar presión en los oídos, molestias físicas e incluso afectar la audición si el volumen es elevado. Además, existe la posibilidad de desarrollar dependencia, cuando la persona siente que no puede dormir sin ese estímulo.
Expertos recomiendan optar por dispositivos cómodos, mantener el volumen bajo y alternar con otras rutinas de higiene del sueño. El sonido puede ser un aliado poderoso para descansar mejor, siempre que se use con equilibrio y sin desplazar hábitos saludables a largo plazo.