El vestíbulo del antiguo Palacio Legislativo en La Paz amaneció distinto. Donde durante más de una década permaneció la figura de , ahora queda un espacio vacío que simboliza algo más que la ausencia de un busto: refleja un cambio en el clima político del país.
La decisión de retirar la escultura no fue casual ni silenciosa. El Senado aprobó, con más de dos tercios, una resolución que ordena su retiro definitivo, en una medida que, según sus impulsores, busca “recuperar la institucionalidad” del Parlamento y marcar distancia con cualquier forma de culto a la personalidad. La senadora , una de las principales promotoras, defendió la acción como un precedente: el Legislativo —dijo— debe representar a la democracia y no a figuras individuales, sin importar su ideología.
El gesto, sin embargo, está lejos de ser meramente simbólico. Para algunos sectores, el retiro corrige lo que consideran un exceso del pasado, cuando el Movimiento al Socialismo consolidaba su poder y la imagen de Morales ocupaba espacios institucionales. Para otros, en cambio, es una muestra de revancha política y una señal de ruptura con una etapa que marcó profundamente al país.
El busto había sido colocado entre 2011 y 2012, en pleno auge del liderazgo de Morales. Hoy, su salida coincide con un escenario político radicalmente distinto: el MAS ya no domina el Legislativo y el país atraviesa una reconfiguración del poder tras las elecciones de 2025, que llevaron a la presidencia a .
Desde su bastión en el Trópico de Cochabamba, donde permanece desde 2024, Morales reaccionó interpretando el hecho como un gesto político dirigido al exterior, incluso vinculándolo a la visita del rey . Sus seguidores, por su parte, ya habían manifestado su rechazo semanas antes, defendiendo el busto como parte de la memoria política reciente.
Más allá de las interpretaciones, el retiro deja una pregunta abierta: ¿se trata de una reivindicación institucional o de un nuevo capítulo en la polarización política boliviana? En ese vacío físico dentro del Parlamento, ahora también se proyecta un debate sobre cómo el país decide recordar —o dejar atrás— a sus líderes.