La caminata avanza lenta, pero firme. Bajo el sol y el polvo de las carreteras amazónicas, indígenas y campesinos de Pando suman ya cuatro días de marcha con un destino claro: llegar a La Paz y hacerse escuchar.
La movilización comenzó el miércoles con poco más de un centenar de personas. Sin embargo, a cada tramo recorrido se han ido sumando nuevas voces: afiliados campesinos, representantes de comunidades indígenas y familias enteras que ven en esta caminata una forma de proteger lo que consideran suyo por historia y por derecho.
El motivo de la marcha es la reciente promulgación de la Ley 157, firmada el 8 de abril por el presidente Rodrigo Paz. La norma permite que tierras clasificadas como pequeña propiedad pasen a ser consideradas medianas, una modificación que abre la puerta a su comercialización, acceso a créditos e incluso embargo.
En comunidades de Pando, la preocupación se siente como urgencia. Organizaciones indígenas advierten que la medida podría debilitar los territorios comunitarios de origen (TCO) y facilitar la concentración de tierras. En una asamblea realizada en Nanagua, pueblos como los Yaminahua, Machineris, Esse Ejja, Tacana, Pacahuara y Cavineño decidieron que no bastaba con pronunciarse: había que caminar.
Desde Porvenir, la columna inició su recorrido y el jueves alcanzó El Sena. Cada paso revive una memoria colectiva: la de la histórica marcha de 1988, cuando bajo la consigna “Tierra y Territorio” se reclamó reconocimiento y derechos. Hoy, décadas después, la demanda resurge con nuevos matices, pero con la misma raíz.
Los dirigentes también apuntan a lo que consideran una contradicción. Mientras existen más de 300 solicitudes de dotación de tierras sin respuesta desde hace más de diez años, la Ley 157 avanzó con rapidez. Para ellos, no se trata solo de una norma, sino de prioridades.
Del otro lado, el senador Branko Marinković, impulsor de la ley, rechaza las críticas y atribuye la movilización a la influencia de organizaciones no gubernamentales, a las que acusa de desinformar.
Pero en la carretera, lejos del debate político, la marcha sigue su curso. Cada kilómetro recorrido no solo acerca a los movilizados a la sede de gobierno, sino que refuerza un mensaje que repiten entre cansancio y determinación: la tierra no es mercancía, es territorio.