La escasez de diésel vuelve a tensar la economía en Bolivia en un momento clave para la producción. Mientras el agro intensifica labores por la cosecha de verano y el inicio de nuevas campañas, el combustible no llega con regularidad, generando filas en surtidores y retrasos que afectan tanto a productores como a transportistas en distintas regiones del país.
El incremento de la demanda ha puesto en aprietos al sistema de abastecimiento. Desde YPFB reconocen que el consumo se ha disparado, impulsado por la alta actividad agrícola, superando ampliamente los niveles habituales. A esto se suma el contexto internacional, donde los precios dificultan la provisión privada, trasladando mayor presión a la estatal y provocando un desbalance entre lo requerido y lo distribuido.
El impacto ya se siente en toda la cadena productiva. Productores advierten riesgos en la cosecha y en la siembra de invierno, mientras surtidores reportan retrasos en despachos y volúmenes incompletos. El transporte, por su parte, alerta sobre una crisis en expansión y no descarta medidas de presión, en medio de denuncias por problemas estructurales en el suministro que amenazan con agravar aún más el panorama.