El Gobierno intentó abrir un espacio de negociación con la Central Obrera Boliviana convocando a una mesa tripartita para debatir el incremento salarial junto a empresarios y autoridades económicas. Sin embargo, la iniciativa surge en medio de un clima de confrontación, luego de que la dirigencia sindical endureciera su discurso y pusiera en duda la capacidad del Ejecutivo para resolver la crisis.
Desde la COB, el rechazo a la convocatoria fue inmediato y acompañado de una ratificación de su cabildo del 1 de mayo, donde prevén emitir un ultimátum. Los dirigentes denuncian que la mayoría de sus demandas no fue atendida y elevan el tono político al exigir incluso la salida del Gobierno si no hay respuestas concretas a la situación económica del país.
En paralelo, el Ejecutivo defiende su postura asegurando que un nuevo incremento salarial es inviable tras el ajuste aplicado a inicios de año, advirtiendo que cualquier subida adicional afectaría áreas clave como salud y educación. Mientras ambas partes se mantienen firmes, el escenario apunta a un conflicto creciente sin señales claras de acercamiento inmediato.