Winder y Deivi, dos hermanos sobrevivientes de los sismos en Venezuela, volvieron a enfrentar un terremoto de magnitud 7,4 la mañana del lunes desde su nueva vivienda en Cali, Colombia, tras salir huyendo aterrorizados debido al miedo persistente de perderlo todo nuevamente.
La tragedia marcó sus vidas pocas semanas atrás, cuando un devastador movimiento telúrico azotó territorio venezolano arrebatándoles a su madre, a su hermano menor y a su abuela. Aquella pesadilla inicial, caracterizada por 26 días de angustiosa búsqueda de los cuerpos entre los escombros, se documentó detalladamente en una publicación de The New York Times, retratando el profundo dolor que atravesaba la familia.
Con la firme esperanza de dejar atrás los escombros y reconstruir sus vidas, los adolescentes cruzaron fronteras para instalarse junto a su padre, Deivid Delfín, en la ciudad colombiana de Cali. No obstante, la tregua del destino duró poco tiempo, porque un nuevo sismo con epicentro en San José del Palmar sacudió el país y se sintió fuertemente en Cali, reactivando de golpe todos los traumas acumulados.
El padre de familia, quien se encontraba realizando labores fuera del hogar al momento de la sacudida, relató los dramáticos instantes de incertidumbre vividos al regresar y no hallar a los menores de inmediato.
"Se me salieron las lágrimas y todo, porque me daba miedo lo que viví ya, lo que vivieron mis hijos. No quiero que les pase nada a mis hijos", confesó el padre con evidente consternación.
Tras el impacto del fenómeno, la familia optó por mantenerse a la intemperie durante las horas siguientes debido al temor persistente a las réplicas y al peso emocional del momento.
A pesar de la desolación y los repetidos golpes de la naturaleza en menos de dos meses, el padre valoró la supervivencia familiar frente a la adversidad.
"Pero aquí estamos bien. Nosotros estamos aquí, con vida", reflexionó Deivid Delfín.