El consumo prolongado de ketamina está provocando daños físicos y problemas de salud cada vez más preocupantes entre personas jóvenes. En Gales, Reino Unido, los centros de rehabilitación reportan un aumento de pacientes que necesitan ayuda para superar la dependencia de esta sustancia, utilizada legalmente como anestésico, pero cuyo consumo sin control puede tener consecuencias graves.
Uno de los casos es el de Megan Harmes, quien comenzó a consumir a los 14 años. A sus 22, los daños en su vejiga eran tan severos que necesitaba utilizar pañales para afrontar la incontinencia. Tras perder su empleo y atravesar años de deterioro físico, la joven ingresó a rehabilitación. Después de cuatro semanas de tratamiento, asegura sentirse mejor, aunque todavía desconoce si podrá recuperar por completo la función de su vejiga.
Las consecuencias del consumo frecuente pueden incluir lesiones en la vejiga, problemas renales, dolor crónico y alteraciones de la memoria. Otro paciente, identificado como Mark, relató que su salud ser deterioró hasta afectar su movilidad, su autoestima y sus relaciones familiares. Según su testimonio, comenzó a consumir ketamina y cocaína durante su juventud y tardó en buscar ayuda por temor a ser juzgado.
Investigadores de la Universidad del Sur de Gales advierten que todavía existen vacíos en la atención médica y psicológica para este grupo de pacientes. La complejidad de los daños y el riesgo de recaídas plantean nuevos desafíos para los servicios de rehabilitación, que buscan desarrollar tratamientos adaptados a las necesidades de los jóvenes. Mientras tanto, los especialistas destacan la importancia de la prevención, la detección temprana y el acceso a ayuda sin estigmatización.