En la zona limítrofe entre Bolivia y Chile ya es visible el avance de una zanja que forma parte de una estrategia más amplia para contener el ingreso irregular de personas. Desde la localidad fronteriza de Pisiga, se observa maquinaria pesada trabajando en una obra que, según autoridades chilenas, alcanzará varios metros de extensión y profundidad como medida disuasiva.
La intervención responde a una nueva política impulsada por el gobierno del presidente José Antonio Kast, quien puso en marcha el denominado “Plan Escudo Fronterizo”. Este programa no solo contempla zanjas, sino también muros, cercos y tecnología de vigilancia como drones y cámaras térmicas para reforzar el control en pasos considerados críticos, como Colchane.
Además de la infraestructura, el plan incluye una mayor presencia militar y policial, con miles de efectivos desplegados de forma permanente en la frontera. La medida también prevé cambios en las reglas del uso de la fuerza, ampliando las facultades para actuar frente a ingresos clandestinos, en un intento de endurecer el control migratorio en una de las zonas más sensibles de la región.