El Banco Mundial endureció su diagnóstico sobre la economía boliviana y proyecta ahora una contracción del -3,2% para 2026, profundizando el deterioro respecto a su estimación inicial de enero, cuando preveía una caída más moderada del -1,1%. El nuevo informe refleja un escenario más complejo y con mayores señales de debilidad.
Las previsiones tampoco mejoran a mediano plazo. Para 2027, el organismo ajustó su cálculo de una contracción del -1,5% a un más severo -4%, lo que evidencia un enfriamiento sostenido de la actividad económica. Este ajuste se da en medio de factores externos adversos y un entorno global que limita la recuperación.
Aunque aún no se conocen las cifras oficiales del Gobierno encabezado por Rodrigo Paz, el contexto muestra contrastes: por un lado, se reporta un superávit comercial y niveles de inflación controlados; por otro, persisten señales de fragilidad estructural que preocupan a los organismos internacionales.
El informe también advierte que la región enfrenta un crecimiento moderado, afectado por altos costos de financiamiento, baja demanda externa y tensiones globales que frenan la inversión y el empleo, factores que terminan golpeando con mayor fuerza a economías más vulnerables como la boliviana.