Francia enfrenta una doble presión: las manifestaciones que sacuden sus calles y el deterioro de la confianza de los mercados en sus finanzas públicas. El descontento ciudadano está relacionado con el costo de vida, las pensiones, la falta de oportunidades para los jóvenes y el temor a los recortes en los servicios públicos.
A esta tensión se suma una deuda pública que ronda el 119% del producto interno bruto (PIB) y un déficit fiscal elevado. El aumento de los intereses que debe pagar el Estado amenaza con reducir los recursos disponibles para educación, salud y otras prestaciones sociales.
Los economistas advierten sobre el denominado «efecto bola de nieve», que ocurre cuando los intereses de la deuda crecen más rápido que la economía, haciendo que el endeudamiento aumente incluso sin nuevos gastos deficitarios. Para Francia, este escenario podría agravarse si los inversores exigen mayores tasas de interés.
El Gobierno de Emmanuel Macron busca reducir el déficit, pero enfrenta resistencia política y social ante las medidas de ajuste. La situación también genera preocupación en Europa, debido al peso de la economía francesa y al riesgo de que una crisis de deuda afecte la estabilidad de la zona euro.