Con baldes de agua, espuma, serpentinas colgando de puertas y abundante pirotecnia, Bolivia cerró el Martes de Ch’alla en una jornada donde la tradición y la celebración se fundieron en cada barrio, mercado y avenida. Desde tempranas horas, familias, comerciantes y transportistas adornaron casas, oficinas, negocios y vehículos con mixtura y colores, en señal de agradecimiento y pedido de prosperidad.
La q’oa, ritual ancestral andino, volvió a ocupar un lugar central. Entre sahumerios y ofrendas, se invocó abundancia y protección para el año que comienza tras el Carnaval. En ciudades como Cochabamba, incluso los taxistas realizaron ceremonias en inmediaciones de la Terminal, replicando una escena que se repitió en distintos puntos del país.
Así, entre mojazón y humo aromático, el Martes de Ch’alla no solo puso fin al fin de semana largo, sino que reafirmó una de las expresiones culturales más arraigadas del calendario festivo boliviano: celebrar, agradecer y pedir bienestar en comunidad.